Hice mi primer viaje a Santiago de la Puebla cuando tenía ocho años. Hacía un día estupendo, y después de dar una vuelta por el pueblo paramos un rato en la plaza de la iglesia.
Los mayores hablaban de sus cosas, como siempre, señalando a la iglesia y contando no se qué historias de señores antiguos y de palacios que ya no existían. Y mientras, yo, que había estado aprendiendo en el cole esa misma semana las series matemáticas, me distraía encontrando series.
En el suelo había series: adoquín, raya, adoquín, raya... y me divertía saltando sobre ellos jugando a no pisar las rayas. Y en la iglesia, había también series adornando el arco alrededor de la puerta: flor, concha, flor, concha. Pero entonces descubrí algo: en el arco que rodeaba la cruz, la serie... ¡estaba mal!
Había un momento, justo al principio del arco, en el que se juntaban dos conchas seguidas:
Lo volví a contar dos veces por si acaso me estaba equivocando, pero no, no era yo, la serie estaba realmente mal.
Avisé corriendo a los mayores que seguían hablando de cosas aburridas y al principio no me creyeron, pero después vinieron a contar conmigo y se dieron cuenta de que tenía razón.
Entonces comenzaron a poner cara de asombro, y a intentar buscar una explicación. Unos decían que era un error de los constructores, otros decían no se qué de unas marcas de canteros, y otros decían que no, que era algo mucho más misterioso.
Yo personalmente lo que creo es que los que construyeron la iglesia no debieron tener una profesora de mates como la mía, y como no sabían hacer las series bien les salió flor-concha en vez de concha-flor.
¿Y vosotros qué pensáis?